lunes, 26 de septiembre de 2016

Lengua de Signos para bebés oyentes: el origen

Cada vez son más las familias que se interesan por La Lengua de Signos para bebés oyentes como método de apoyo al desarrollo del lenguaje de los niños, y a pesar de que aun resulta algo novedoso, la realidad es que comenzó en la década de los 60 en EEUU.

En los años 60, hay un estudio que refleja que los bebés que utilizan la Lengua de Signos conocen a la edad de 9 meses unas 75 palabras (conceptos), mientras que los bebés que no utilizaban la comunicación gestual tenían aproximadamente conocimiento de 10 palabras o conceptos. Fue un estudio aislado que no tuvo mayor repercusión en aquel momento. 


No es hasta los años 80 cuando se desarrolla el descubrimiento. Fue de la mano de Joseph García, Doctor por la Universidad de Alaska, quien dio el salto. 

Joseph García comenzó a trabajar como interprete de Lengua de Signos en los años 70, y así se percató de que los bebés de padres sordos tenían una comunicación más fluida a la temprana edad de 9 meses. Por ello al terminar sus estudios centró su tesis en la creación de una metodología para enseñar a los padres a comunicarse de forma gestual con sus bebés pre-verbales. Su trabajo giraba en torno a descubrir:
- Cómo era posible que los padres sordos pudiesen comunicarse de esta forma con sus bebés mientras que los padres oyentes no podían.
- Si los padres oyentes podían utilizar los signos con sus hijos y obtener los mismos resultados positivos. 

En sus estudios demostró que los padres, ya fueran personas sordas u oyentes, podían beneficiarse del uso de los signos para mejorar la comunicación con sus bebés a una edad temprana. En la actualidad se puede encontrar su libro titulado Sign with your baby.

De forma paralela, en 1982, surgieron las investigaciones de Linda Acredolo y Susan Goodwin. 

Linda Acredolo, doctora por la Universidad de California, llevó a su hija pequeña al pediatra. En la sala de espera había una pecera y su hija se acerco y mientras observaba los peces hacía el gesto de soplar. Este hecho no tuvo mayor relevancia hasta que por la noche cuando se dispuso a acostar a la niña, sopló para hacer funcionar el móvil de peces que tenía sobre su cuna. En ese momento se dio cuenta que su hija, sin previa formación ni conocimientos había conectado ambas situaciones y así se lo había hecho entender a su madre. Mediante señas, su única herramienta de comunicación en ese momento, era la forma en la que su hija le indicaba lo que le sucedía.

En ese momento comenzó a preguntarse cuántos gestos podían estar realizando los bebés y haber pasado desapercibidos por los adultos. 

Junto a Susan Goodwing comenzó sus investigaciones con los bebés que signaban y los que no, y además tuvieron seguimiento con esos bebés a la edad de 2, 3 y 8 años.

Los resultados de las investigaciones fueron espectaculares. De manera concluyente se demostró que los bebés que signan consiguen una comunicación más eficaz con el entorno, algo fundamental para un mejor desarrollo en esta primera infancia.

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