lunes, 14 de noviembre de 2016

El frasco o bote de la calma

Si como yo tenéis épocas en las que pensáis que hubiese sido mejor no levantarse de la cama hasta que pase la tormenta, la idea de hoy os va a venir estupendamente. Hay veces que los niños tienen dificultades para gestionar o canalizar sus emociones, y cuando del enfado se trata... ¡Sálvese quien pueda! En esos momentos en los que tanto ellos lo pasan mal, como nosotros nos desesperamos, un genial aliado es el frasco o bote de la calma, que les ayudará a calmarse y relajarse hasta poder hacer frente a la situación y verbalizar sus conflictos.

Este recurso que nació de María Montessori, es un gran invento al que algunos estudios le atribuyen resultados muy positivos en la respiración y ritmo cardíaco del niño, y por lo tanto ayudando en la disminución de la ansiedad que esté pasando en ese momento. Es fundamentalmente, una técnica del control del estrés adecuada para los niños.

frasco de la calma

De esta forma, cuando un niño esté pasando por un momento de estrés tras una pelea o enfado, se encuentre nervioso o simplemente necesite relajarse antes de enfrentarse a una situación que le incomode, puede acudir al frasco, agitarlo y observar cómo la pupurina va flotando a diferentes ritmos y direcciones hasta posarse suavemente, al mismo tiempo que el niño va respirando y relajándose, ordenando sus ideas hasta haber cogido energía para continuar.

Necesitas
- Un frasco de cristal o botella de plástico transparente, lo que prefieras según la edad de tu hijo, por si tienes miedo a que pueda romper el frasco.
- Purpurina
- Pegamento trasparente
- Colorante alimenticio
- Agua caliente

¿Cómo lo hacemos?
1- Calentamos el agua y llenamos aproximadamente la mitad del frasco. 
2- A continuación, añadimos el pegamento trasparente y lo removemos con una cucharilla para que se mezcle bien con el agua. Comienza echando poco a poco hasta llegar aproximadamente 1/4 del bote, aunque dependerá del efecto que te guste que tenga: cuanto más pegamento eches, más denso quedará y más despacio se moverá la purpurina dentro. Al principio puede parecer que se queda muy poco denso pero no os dejéis engañar, eso pensaba yo y me pasé de echar pegamento. No es que me haya quedado mal pero un poco más líquido creo que hubiese estado mejor.
3- Después podéis agregar la purpurina que deseéis, incluso varios colores para conseguir diferentes efectos. Y de nuevo removemos bien.
4- Por último, y esto es opcional pero le dará un buen toque, poner un poco de colorante alimenticio del color que queráis para que el agua no esté tan transparente. 
5- Removemos bien todos los ingredientes, cerramos bien el frasco y listo para usar. Ojo que quede bien sellado para que no haya derrames al agitarlo.

En casa hemos hecho este con colorante amarillo, purpurinas de color blanco, amarillo y rosa, y desde luego demasiado pegamento líquido, que se nos fue un poco la mano para mi gusto, pero nos hace el papel y los niños acuden a él cuando necesitan su espacio para calmarse.

Así que después de comprobar el resultado os lo recomiendo en toooodas las casas :)

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